Los derechos de las mujeres son derechos humanos, ayer y hoy: “La aprobación de la Plataforma no fue suficiente; fue necesario supervisar su aplicación”

Treinta años después de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing, la socióloga y feminista chilena Teresa Valdés reflexiona sobre el impacto perdurable de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing. Pionera en la investigación y la defensa de la igualdad de género en América Latina, Valdés ofrece un relato contundente de los avances logrados, los retos que persisten y el camino que queda por recorrer en pro de la igualdad de género. 

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El viaje de Teresa Valdés a Beijing en 1995 fue profundamente personal y político. “Viajé a Beijing motivada por mi participación en el movimiento de mujeres y, como socióloga, por mi contribución al diagnóstico de la situación de las mujeres en América Latina”, recuerda. Su trabajo en FLACSO, donde dirigió el proyecto Mujeres Latinoamericanas en Cifras en 19 países, estudio que proporcionó el primer diagnóstico cuantitativo exhaustivo de la situación de la mujer en la región. 

El viaje de Teresa Valdés a Beijing en 1995 fue profundamente personal y político. “Viajé a Beijing motivada por mi participación en el movimiento de mujeres y, como socióloga, por mi contribución al diagnóstico de la situación de las mujeres en América Latina”, recuerda. Su trabajo en FLACSO, donde dirigió el proyecto Mujeres Latinoamericanas en Cifras en 19 países, estudio que proporcionó el primer diagnóstico cuantitativo exhaustivo de la situación de la mujer en la región. 

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Foto: Cortesía de Teresa Valdés

“Decidí asistir a la Conferencia de Beijing para presentar el volumen comparativo de Mujeres Latinoamericanas en Cifras, participar en el Foro de la Sociedad Civil en Huairou y asistir a la Conferencia oficial como observadora e investigadora de FLACSO”, explica y continúa: “Las feministas pretendían influir en los resultados de la Conferencia y yo formaba parte de ese movimiento”. 

El poder de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing 

Valdés describe la Declaración de Beijing como un momento decisivo: “Aunque era la Cuarta Conferencia Mundial, significó sellar un acuerdo mundial, de todos los gobiernos presentes, con la igualdad y los derechos de las mujeres, pero con una visión integral, con mecanismos y estrategias para avanzar en ellos”. 

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Destaca dos avances estratégicos: la creación de mecanismos nacionales para el avance de las mujeres y la incorporación de la igualdad de género en las políticas públicas. “En Chile ya existía el Servicio Nacional de la Mujer, hoy Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género. Todos los países crearon estos mecanismos nacionales para la promoción de la mujer”, señala. 

Sobre la integración de la perspectiva de género, añade "Esta estrategia consiste en considerar las consecuencias que cualquier acción -legislación, políticas y programas- tiene para hombres y mujeres. Las preocupaciones y experiencias tanto de las mujeres como de los hombres deben considerarse como una dimensión integral del diseño, la aplicación, el seguimiento y la evaluación de todas las políticas y programas." 

De las palabras a la acción

A pesar de su alcance visionario, Valdés tiene claras las limitaciones de la Declaración y afirma: “Es un compromiso político de los gobiernos con la sociedad, pero tiene una limitación importante: su cumplimiento no es obligatorio. No tiene el rango de una convención o tratado que obligue jurídicamente a los Estados a cumplirla”. 

En su opinión, esto hizo que el papel de la sociedad civil fuera crucial: “Las organizaciones de mujeres nos encargamos de difundir la Plataforma y generar un proceso de apropiación de la Declaración y la Plataforma de Acción para transformarlas en instrumentos de acción política”, explica y agrega: “También era necesario monitorear su implementación”. 

Una de esas iniciativas fue el Índice de Compromiso Cumplido (ICC), desarrollado en Chile y replicado en 18 países. “Fue una herramienta para mostrar avances y retrocesos en materia de equidad de género”, dice Valdés, “y se presentó en una versión comparativa a nivel regional con ocasión de la Asamblea de la ONU por el 10º aniversario de Beijing”. 

Áreas de progreso: de la violencia a la representación 

Valdés ve progresos notables en varias áreas. “El mayor avance está relacionado, sin duda, con el rechazo a la discriminación y la violencia de género, un avance cultural en el que la igualdad ha cobrado fuerza”, afirma. “Se ha avanzado en la protección jurídica de mujeres y niñas contra la violencia y se han fortalecido las políticas y programas de prevención y atención a las víctimas”. 

También señala avances en la participación política: “Se han logrado avances significativos en materia de legislación y formulación de políticas públicas para la participación de las mujeres en el ejercicio del poder y la toma de decisiones: leyes de cuotas, participación en los poderes del Estado, en los partidos políticos, entre otros.”

En el ámbito económico, destaca los esfuerzos relacionados con la participación laboral, que fueron fuertemente impactados por la pandemia, con un severo retroceso. Agrega que “la instalación de políticas y programas que buscan atenuar la división sexual del trabajo asumiendo el cuidado como una responsabilidad pública” es un avance prometedor. 

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La educación y los derechos reproductivos también han experimentado mejoras desde su punto de vista: “Ha habido avances en la reducción de embarazos adolescentes, en el acceso a la anticoncepción y en la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en algunos países”. 

Desigualdades persistentes y un llamado urgente a la acción 

Aun así, Valdés advierte de la persistencia de las desigualdades: “La pobreza sigue afectando más a las mujeres y a los hogares encabezados por mujeres, con dificultades de acceso al mercado laboral, menor protección social y brechas salariales que aumentan entre los más educados (…) Es decir, pobreza económica y pobreza de tiempo”.

También destaca la desigual distribución del progreso: "El progreso tiende a concentrarse en sectores sociales específicos de mujeres. Esto significa que las situaciones de desigualdad y discriminación son mayores entre las mujeres jóvenes y mayores, afrodescendientes e indígenas, rurales, con discapacidad y privadas de libertad."

La socióloga advierte que el surgimiento de gobiernos conservadores ha revertido algunos avances: “Ha significado el cierre de mecanismos institucionales para las mujeres, de programas de prevención y atención a la violencia de género, la persecución de defensoras de derechos humanos y ambientales y el retroceso en derechos sexuales y reproductivos”.

Valdés también llama la atención sobre los retos actuales: “el mayor desafío que enfrentamos en estos días es visualizar el impacto que pueden tener sobre los derechos de las mujeres y la eliminación de la discriminación las transformaciones que vive el mundo, en lo económico y en lo político, con las guerras, la crisis de la democracia y de los partidos políticos, el debilitamiento de los acuerdos y organismos multilaterales y el calentamiento global, así como los avances tecnológicos y la inteligencia artificial”, dice.  

"Frente a todo esto, además de visualizar y anticipar los posibles impactos, la participación política y la salvaguarda de la democracia son una prioridad. Cuando se pierde la democracia, las mujeres y las niñas son las que más pierden."

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Foto: Cortesía de Teresa Valdés

A pesar de los contratiempos, Valdés mantiene la esperanza y expresa: “No debe extrañarnos que la Declaración de Beijing siga marcando el horizonte y actuando como faro. Constituye una pauta para contrastar periódicamente, a través de investigaciones y estadísticas, las declaraciones y compromisos con la realidad de los derechos de las mujeres en nuestros países”.

Concluye valorando especialmente la Declaración: “La arquitectura y las estrategias que nuestras democracias han adoptado para la igualdad de género tienen en la Declaración una llamada de atención permanente”.